Riego con datos: la revolución en la gestión del agua y la importancia de su óptima interpretación

Jorge Martinez Guanter, Digital Marketing Manager Corteva Iberia

Día Mundial del Agua

El agua es, junto con el suelo, el recurso agrícola más importante. Con una población mundial creciente y una demanda alimentaria también en aumento, la producción bajo regadío ha experimentado en las últimas décadas un crecimiento exponencial.

Además del aumento de la población, las principales razones de un mayor consumo de agua las encontramos en el desarrollo económico y social creciente de muchas zonas del planeta, la intensificación de los sistemas productivos, el cambio en los patrones de consumo y una mayor demanda de seguridad y calidad alimentaria que impulsan este crecimiento exponencial.

Todos estos factores dibujan un escenario al que se suma un contexto de cambio climático, en el que los periodos de sequías e inundaciones son cada vez más frecuentes y extremos, y que complican aún más la correcta gestión de los recursos hídricos a nivel global.

Los sistemas de regadío contribuyen al aumento de la productividad

Los productores agrícolas, conscientes de su relevante papel en la gestión de este insumo, entienden y valoran desde hace años la importancia del ahorro de agua para sus cultivos. Pese a que la disponibilidad de agua está en muchas ocasiones regulada o incluso limitada, intentan aprovechar hasta la última gota para obtener el máximo valor posible de sus cultivos.

Y es precisamente este porcentaje, el que genera el 40% del total de la producción agrícola.

Si tradujésemos estas cifras a hectáreas y toneladas producidas, resultan en números tan apabullantes que bien merecen un análisis pormenorizado. Por descontado, este nivel de productividad se debe a una mayor intensificación en las parcelas y a la posibilidad de obtener rendimientos más estables (no dependientes únicamente de las precipitaciones).

Los sistemas de regadío, al permitir controlar tanto la cantidad como el momento de aplicación, permiten aumentar la productividad. Por lo tanto, un suministro recurrente de agua, fiable y flexible resulta vital para los sistemas productivos.

Añadido a este suministro de agua, existen dos factores clave que juegan a favor de la agricultura actual y que están ligados a las buenas prácticas y las nuevas tecnologías: la eficiencia del riego y su optimización.

No son pocos los esfuerzos que se han hecho en las últimas décadas en mejorar la eficiencia del riego. Desde la invención del regadío por goteo y el establecimiento de sistemas de riego localizado, los ahorros de agua y el consecuente aumento en la sostenibilidad han sufrido un proceso de mejora continua. Pese a los mayores costes económicos de este tipo de sistemas en su inversión inicial, la productividad asociada y la mitigación de las consecuencias negativas para el medio ambiente que ofrecen contribuyen a su rápida amortización.

En otra línea van los esfuerzos por reducir las cantidades de agua con metodologías de riego deficitario controlado, que permiten controlar el estrés hídrico en ciertas fases del cultivo y que permiten ser combinadas con prácticas de micro-irrigación y fertirrigación, lo que optimiza en gran medida los costes y ajusta las dosis de forma precisa.

Sea cual sea el método de riego y las técnicas empleadas, hay un factor que ha revolucionado el uso del agua en los últimos años: el componente tecnológico.

Optimizando el riego con datos: el Riego de Precisión

Los datos de campo, las imágenes de los cultivos y la información de los sensores del suelo, están revolucionando la forma de regar los cultivos. Las imágenes aéreas y por satélite, más potentes, escalables y rentables, proporcionan información sobre el cultivo y las imágenes multiespectrales y térmicas, con detalles sobre el estado hídrico y la salud del cultivo, permiten a los técnicos y productores obtener recomendaciones de riego con un conocimiento detallado.

Las nuevas herramientas de gestión del riego y las técnicas de Riego de Precisión permiten conocer en todo momento el estado hídrico del cultivo y del suelo, predecir los momentos de mayor estrés y adelantar la programación del riego para realizarla en el momento óptimo, con la dotación adecuada y en el lugar correcto.

La utilización de técnicas de termografía, empleando cámaras térmicas y sensores infrarrojos tanto sobre el terreno como a bordo de drones permiten conocer el estado hídrico del cultivo con una visión georreferenciada. De esta forma, al disponer de datos geoespaciales, se pueden determinar qué zonas de una parcela están sufriendo algún tipo de estrés y determinar las diferentes dotaciones hídricas a aportar en base a esta variabilidad espacial. Para ello, desde el ámbito investigador se han desarrollado numerosos índices normalizados como el Crop Water Stress Index, que conjugan técnicas de modelos empíricos y datos agroclimáticos para determinar la evapotranspiración real del cultivo y su nivel de estrés en determinadas condiciones ambientales. De esta forma, se pueden obtener modelos más generales que nos permiten caracterizar de forma precisa las cantidades que debe aportar el agricultor y en qué medida puede ahorrar agua manteniendo la producción.

También en los últimos años, el uso de sensores colocados en el suelo o en el propio cultivo tales como las sondas de humedad, temperatura, potencial matricial o las técnicas de dendrometría han permitido un gran avance en la monitorización in-situ. Los dispositivos de captación de datos son cada vez más sofisticados, y en la última década las soluciones conectadas y el Internet de las Cosas (IoT) han tenido un amplio crecimiento que se verá incrementado en los próximos años. Estos sistemas ofrecen la oportunidad de hacer que el riego diferencial sea totalmente automatizado y mucho más preciso. Los sensores pueden instalarse en cada zona de riego y proporcionar datos en tiempo real sobre la humedad del suelo, la salinidad y otros parámetros. Sin embargo, el verdadero valor de estos sistemas no reside en la mera captación y visualización de los datos, si no en su correcta interpretación por parte de técnicos y sistemas y en la entrega de datos a los agricultores de forma comprensible, práctica y procesable, para ayudarles a tomar decisiones de riego y otras en el campo.

En el departamento de agronomía digital de Corteva contamos con expertos dedicados a analizar y ayudar en la toma de decisiones especializadas sobre las condiciones de riego y las necesidades de explotación, brindando a nuestros agricultores un valor diferencial personalizado y orientado a mejorar su explotación.

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