Regadíos en España: mucho trabajo por delante y un futuro prometedor

La gestión y aprovechamiento del agua es uno de los retos más complejos a los que se enfrenta cualquier país. Mucho más cuando en ese país, el agua es un bien escaso. Decía Jaime Lamo de Espinosa, exministro de Agricultura e ingeniero agrónomo, que el problema del agua es poliédrico y varía en función de la cara desde la que se observa: ambiental, productiva, funcional, energética, estructural, social, territorial o económica. Todas estas caras conviven en un frágil equilibrio que requiere revisión y desarrollo continuos para evitar que el sistema hídrico se desconfigure. ¿Cómo es nuestro actual equilibrio? ¿Qué tenemos que mejorar? ¿De qué herramientas disponemos?

Para contestar a estas preguntas dirigimos nuestra mirada al sureste español: un territorio castigado secularmente por la escasez de lluvias y regado por unas cuencas raquíticas, cuyos usuarios han tenido que aprender a aprovechar sus recursos al máximo. Y hacia un colectivo profesional: los ingenieros agrónomos que trabajan en ese territorio. Ellos han aprendido a exprimir hasta la última gota de agua para satisfacer las necesidades alimentarias de la población.

Un debate exclusivamente técnico

“Mantener el equilibrio implica ajustar la dotación y la calidad a cada una de las funciones que el agua aporta a nuestra sociedad”, estima Andrés Martínez Bastida, decano del Colegio de Ingenieros Agrónomos de la Región de Murcia, quien apuesta por sacar del debate cualquier aspecto emocional: “Debemos abordar un debate exclusivamente técnico que nos alejará de las pasiones. El objetivo ha de ser conseguir que los balances de masa, energía y económicos de todo nuestro sistema hídrico sean favorables”.

“En agricultura, el uso del agua tiene dos vertientes: la primera y principal, producir alimentos. No se hace por afición, sino para cubrir las necesidades de una población creciente”, arranca José Carbonell, secretario técnico del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Levante (COIAL). “La segunda está relacionada con el medio ambiente: se mantiene una fábrica verde que capta y fija CO2, se conserva la fertilidad del suelo, se crean hábitats para seres vivos… Todo eso ha acabado conformando un ecosistema de gran valor. Dejamos de ser cazadores recolectores en la prehistoria, y ello ha generado la actual configuración de nuestro entorno”.

“Una evidente mejora en la eficiencia”

José Manuel Carrillo, ingeniero agrónomo alicantino, ha desarrollado infinidad de proyectos de regadío en la comarca de la Vega Baja: “Primero fue el riego por gravedad, luego llegaron las norias y la mecanización del bombeo; hoy en día existen sistemas muy avanzados que pueden llevar el agua a cualquier punto, tenemos la posibilidad de trabajar con cultivos hidropónicos… La tecnología ha permitido abrir muchas opciones”.

Entre los avances que ha vivido el mundo del riego, Carrillo destaca “una evidente mejora en la eficiencia. Se han sustituido muchas conducciones a cielo abierto por tuberías, y eso ha contribuido a reducir pérdidas. Antes, para que llegara un litro de agua a la planta tenías que enviar dos. Ahora, 1,1. Un riego moderno ofrece una eficiencia de entre el 80 y 90 por ciento, cuando antes oscilaba entre el 50 y el 60”.

La tecnología también ha permitido un mayor control sobre el estado del cultivo. “Podemos monitorizar los recursos que llegan a la planta y saber si está sufriendo estrés hídrico. Los sensores nos permiten saber si se desarrolla de forma óptima. Eso antes lo decidía el ojo del agricultor, y ahora es un parámetro el que te dice cuándo has de regar”, explica Carrillo.

Los planes de reestructuración de la UE, una gran oportunidad

No obstante, queda mucho trabajo por hacer para acabar de modernizar los regadíos españoles. “Los planes de reestructuración anunciados por la UE a raíz de la pandemia son una ocasión fundamental para empezar un vertiginoso cambio en nuestros regadíos”, estima José Manuel Delgado de Molina, ingeniero agrónomo y asesor a la dirección del Área de Proyectos de Ingeniería Hidráulica y Ambiental de INDEFA Ingenieros SL.

Según explica Delgado de Molina, las comunidades con déficit hídrico, como la valenciana, “tienen mucho trabajo desarrollado en eficiencias en cuanto a métodos de aplicación, pero sin priorizar los temas de ahorro mediante regulación y optimización de grandes volúmenes”. Y asegura que la crisis de 2008 ha propiciado un cambio en la estrategia hídrica. “Durante el parón provocado por la crisis entre 2008 y 2014, los usuarios y técnicos hemos tenido tiempo para pensar y nos hemos dado cuenta de que efectivamente, racionalizar consumos está muy bien, pero optimizar la gestión hídrica añade mejoría”.

Las autopistas del agua

Este ingeniero introduce un concepto importante: las autopistas –o carreteras, como otros prefieren llamarlas– del agua. “La Administración ha de ser promotora de estas instalaciones, que pueden aglutinar a varias comunidades, para “abrir el melón” de la estacionalidad. Los regantes son consumidores muy estacionales, pero las EDAR funcionan todo el año. Necesitamos volúmenes de regulación que nos permitan modular en cantidad y calidad las aguas que se producen en invierno para utilizar en verano. Para conseguir eso hay que construir balsas y embalses de regulación, que ayudan a resolver las necesidades de abastecimiento. Pero no se trata solo de construir embalses o láminas de agua, sino de utilizar cauces que vayan acumulando recursos, o de agua que se filtra y recarga acuíferos”.

La generación de electricidad para mover grandes masas de agua es otro de los campos en los que el margen de mejoras es enorme. “El agua consume kilowatios y el desarrollo que está experimentando la fotovoltaica es una oportunidad. Hay muchos instaladores, algo que para el consumidor está muy bien por las ventajas que ofrece un mercado con muchos competidores. Para los regantes es un aspecto fundamental a tener en cuenta: disponen de superficie para instalar plantas, son grandes consumidores de energía y de nuevo, la necesitan de manera estacional. Por tanto, el autoconsumo eléctrico para entregar o compensar en la red podría convertirse en un recurso económico, favorecería la modernización y los regantes podrían disponer de ingresos complementarios”, concluye Delgado de Molina.

El problema del agua es alimentario

Con todos estos elementos, preguntamos a José Manuel Carrillo la receta para sacar lustre a todas las caras del poliedro de los regadíos españoles: “Mejorar las conexiones a depuradoras, fomentar el desarrollo tecnológico, seguir sustituyendo conducciones, mejorar la eficiencia energética mediante plantas fotovoltaicas, mantener los trasvases es fundamental –el Tajo Segura para nosotros es innegociable, porque ahora mismo no hay recurso alternativo–, incrementar el uso de aguas regeneradas y mejorar la eficiencia de las desaladoras para que sus costes estén al alcance de los agricultores”.

Para acabar, reflejamos la visión general sobre los regadíos que nos aporta José Carbonell, y que va más allá de la distribución y el uso del agua: que nos aporta José Carbonell, y que va más allá de la distribución y el uso del agua: “No podemos permitir que los alimentos que producimos no lleguen a ser consumidos. Y es ahí donde la ingeniería agronómica asume su mayor protagonismo como elemento trasversal e integrador de todo el sistema alimentario. Podríamos tener sistemas de riego sin pérdida alguna, podríamos optimizar el uso del agua, pero si esa producción se pierde por una plaga o una enfermedad, el esfuerzo y los recursos hídricos invertidos se malbaratarán. Si no somos capaces de ver el problema del agua como un problema de alimentación perderemos la perspectiva. Y eso es una cuestión que ahora mismo no podemos dejar de recordar”.