Menos lluvia, con más intensidad y reparto desigual

«Los fondos europeos son una buena oportunidad para la modernización del regadío y encajan en todos los objetivos fijados por la Comisión Europea para la asignación de ayudas y podrían ser determinantes para la gestión del agua en España durante los próximos años»

 

Finaliza el año hidrológico y lo hace con menos lluvias que el año pasado. Seguimos instalados en un episodio de sequía meteorológica según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Y es que el último balance de la entidad, correspondiente al año hidrológico en España, señala que las precipitaciones “presentan un carácter normal. Se detectan cambios en los patrones de lluvia. Es decir, llueve menos días al año, pero lo hace con mayor intensidad”.

Las lluvias torrenciales son cada vez más frecuentes e intensas en la vertiente mediterránea y aumentan los períodos de sequía en la zona sur del país. “Destacan los episodios de lluvias torrenciales de mediados de junio y el ocurrido entre el 31 de agosto y principios de septiembre que dejó lluvias torrenciales y récords de precipitación. Además, en el verano de 2021 se han batido récords de días de tormenta y granizo en algunos observatorios de la mitad oriental peninsular” explica el secretario de Medio Ambiente de AEMET Hugo Morán.

Una situación que se deja notar en las reservas hídricas. A finales de septiembre de este año estaban al 40,3% de su capacidad total. Un dato que señala que tenemos menos de la mitad de agua embalsada que la que podemos almacenar, pero si la comparamos con el mismo período del año pasado la cifra es peor ya que la reserva hídrica estaba al 47,3% de su capacidad.

Varias cuencas de acumulación de AEMET, similares a las cuencas hidrográficas, se encuentran en situación de sequía meteorológica: las cuencas del Júcar y el Segura, desde septiembre del pasado año 2020; la cuenca Sur, desde octubre de 2020 y la del Pirineo oriental desde febrero de 2021. Finalmente, la cuenca del Ebro ha entrado en sequía meteorológica el último mes de agosto, con posible tendencia a que se mantenga esta situación durante los meses de septiembre y octubre.

Precisamente sobre el Valle del Ebro, el geógrafo Eduardo Lolumo, explica que la visita invernal de la tormenta Filomena le debe mucho a las cifras de las precipitaciones en esa zona peninsular.

El año hidrológico ha sido “muy irregular en cuanto a precipitaciones, poco ajustado a la media incluso en el verano. A la menor cantidad de precipitaciones se le unen meses no excesivamente cálidos lo que minimizaría algo el déficit hídrico. En general han sido pocos periodos húmedos frente a los secos, destacan en conjunto noviembre, enero y junio”. Mención especial, afirma el geógrafo, son las DANAS que han incidido especialmente en el Mediterráneo afectando a las zonas del Levante sin llegar a Cataluña o los Pirineos que no han recibido esa carga de precipitaciones. “Este tipo de situaciones atmosféricas cada vez se repiten más en nuestros patrones de precipitación frente a las que vienen de origen atlántico y los vientos del oeste. Quizás estamos asistiendo ya a una de las manifestaciones derivadas del calentamiento global y el cambio climático yendo lentamente hacia una subtropicalización de nuestro clima con más tipos de tiempo de esa zona del planeta de las que no quedamos tan lejos”, añade Lolumo.

Con los datos en la mano, desde La Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España  (FENACORE), que engloba a más de 700.000 regantes y más de dos millones de hectáreas, consideran que sus demandas no podrán cubrirse ya que “las reservas son inferiores a las de 2020 y 2019 y mucho más bajas que la media de los últimos diez años”. Su presidente, Andrés del Campo, alerta de problemas muy graves para poder regar el año que viene en muchas de las cuencas hidrográficas.

 

Más intensidad y más lluvias torrenciales 

Así son las tormentas que nos estamos acostumbrando a sufrir en los últimos meses. La lluvia, el granizo o la nieve han caído con mucha fuerza. Nombres como Filomena, o Gloria el año pasado, han dejado miles de hectáreas destrozadas, caminos intransitables y pérdidas incalculables que, meses después siguen negociando los seguros agrarios.

Los desastres relacionados con el clima se han multiplicado por cinco durante los últimos cincuenta años. Un incremento que ha provocado más de dos millones de muertos y 3,64 billones de dólares en perdidas económicas tal y como se desprende del último Atlas de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

 

Uso eficaz de los recursos

Con menos agua para riego, ¿Cómo se adaptan los regantes a estos episodios de sequía? Lo primero son la modernización de regadíos, que implica un uso más eficiente de los recursos logrando un ahorro importante.

Sin agua, otra opción es no sembrar cultivos de riego y sustituirlos por otros de secano “aunque conlleva una importante disminución en la productividad y rentabilidad de las explotaciones agrícolas, que supone también el abandono de la actividad y la despoblación de las zonas rurales”, en palabras del presidente de FENACORE.

En España, según la mencionada federación, quedan más de un millón de hectáreas por modernizar. “Los fondos europeos son una buena oportunidad para la modernización del regadío. Encajan en todos los objetivos fijados por la Comisión Europea para la asignación de las ayudas comunitarias y podrían ser determinantes para la gestión del agua en España durante los próximos años”, señala del Campo.

Quizá la alta demanda de los regantes en algunas cuencas, la falta de regulación para almacenar las lluvias o el tipo de cultivos a producir deberían repensarse en algunas latitudes para evitar daños y mejorar las producciones. Parece claro que cada vez se prolongan más las sequías, las DANAS, sin ser largas, son más numerosas y cada vez entran menos frentes desde la vertiente atlántica. Factores que los geógrafos, hombres y mujeres del tiempo, pueden predecir con mayor precisión y que los regantes y productores deben dejar aconsejarse por los expertos para no verse expuestos a un déficit hídrico o a daños irreparables en sus explotaciones que terminan con el abandono de una tarea, la agraria, que debe seguir existiendo para vertebrar el territorio nacional y alimentar a la población.