El forraje sobrevive a la pandemia y mira al futuro con optimismo

España se consolida como principal productor de alfalfa deshidratada del mundo con una producción que se mantiene estable mientras la industria busca nuevos mercados exteriores

España ha encontrado un hueco en el mundo como principal país productor de alfalfa deshidratada de alta calidad. En esta posición está desde hace unos años y seguramente no la va a abandonar en un futuro inmediato, pero ante sí tiene algunos retos importantes. Al menos, eso creen los protagonistas que en estas líneas van a analizar la situación del mercado de los cultivos forrajeros en España.

Entre estos cultivos, la alfalfa es la gran protagonista, un forraje especialmente destinado a ganado vacuno de alta producción láctea, pero también indicado para la leche de oveja, cabra y camello, y en menor medida para el sector cárnico. EE. UU. es el primer productor y exportador del mundo, pero a diferencia de España, su forraje se seca al sol y posteriormente se prensa. Es un modelo (henificado y doble prensado) que no ofrece la misma calidad que el español (deshidratado industrial), ya que al no conseguir bajar tanto la humedad, las pacas o balas siguen fermentando y su ingesta puede provocar problemas en la alimentación de los animales. Sin embargo, los forrajes deshidratados son más seguros y aguantan mucho tiempo sin perder sus propiedades.

LOS DATOS DE ESPAÑA

Este escenario es el que ha permitido situar a los cultivos forrajeros españoles en una buena posición a pesar de que la producción se ha reducido en los últimos 15 años hasta estabilizarse, recientemente, en torno al millón y medio de toneladas. En cuanto a la superficie de cultivo, hay alrededor de 250.000 hectáreas. De ellas, 127.000 se destinaron en la última campaña a la deshidratación. El resto se dedica al autoconsumo en las explotaciones tras la siega o a la alimentación del ganado directamente en el campo.

De la producción dirigida a la industria en la última campaña –se inició el 1 de abril de 2020 y se cerró el 31 de marzo de 2021– aproximadamente el 80% fue alfalfa y, el resto, raygrass, veza, avena forrajera y maíz ensilado, entre los principales productos. Esta cifra, tanto de superficie como de toneladas comercializadas, se mantienen estables desde hace tres campañas, “aunque en los dos últimos años se ha recuperado algo el cultivo; en concreto, se estima que la superficie ha crecido en unas 20.000 hectáreas”, comenta Luis Machín, director de la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA).

Al referirse a la alfalfa –el más importante de los cultivos forrajeros alrededor del que gira esta industria–, Luis Machín explica que “tiene mucho futuro; ofrece fibra y proteína vegetal que van a seguir siendo fundamentales para el ganado estabulado; fija nitrógeno en la tierra; forma parte de las rotaciones de cultivos tradicionales de los regadíos y contribuye a objetivos ambientales como la reducción de productos fitosanitarios”.

EVOLUCIÓN

Hace 14 años, el 80% de la producción se consumía en España, pero los cambios en el sector lácteo provocaron que ese dato se haya quedado en la actualidad en el 20% y el resto se dirija a la exportación. Hoy en día, Emiratos Árabes, China y Arabia Saudí son los tres principales destinos de los forrajes españoles, “pero estamos trabajando para tener una mayor presencia en Japón y Corea del Sur, y también han aumentado los envíos a Colombia, Brasil e incluso Cuba”, asegura Machín.

La última campaña ha estado muy influenciada por la pandemia. “Empezamos con unos precios normales y una demanda interesante –prosigue–, pero desde el punto de vista logístico enseguida empezaron los problemas por las dificultades de movilidad; muchos contenedores se quedaron donde no se necesitaban y salieron menos barcos hacia Asia, lo que provocó que los portes se llegasen a duplicar”.

Al final, concluye Machín, “los datos de exportación del último año son parecidos a los inmediatamente anteriores, pero la industria ha tenido que asumir ese incremento de precio”. De cara a la nueva campaña, “todos vamos a tener que ajustarnos a esa situación”.

Mirando al futuro, el director de la AEFA valora con optimismo otros aspectos como el hecho de que “es una industria que se ha modernizado con tecnología puntera y grandes inversiones, que de verdad fija población en el medio rural con empleos de calidad y si nos atenemos a los precios pagados en los últimos años, el cultivo de alfalfa es bastante rentable”.

OTRAS VISIONES

En la Asociación Interprofesional de Forrajes Españoles (AIFE) están representados la industria, los sindicatos y las cooperativas. Su gerente hasta hace unos meses, Francesc Ollé, destaca el importante papel de arbitraje que tiene esta entidad cuando se producen discrepancias en los contratos de compra-venta de forrajes. A su juicio, uno de los principales retos de futuro de la Interprofesional es la aplicación de una extensión de normas para el forraje, de obligado cumplimiento para todo el sector a través de una orden ministerial, “que permita promocionar mejor nuestros productos, así como realizar estudios de calidad”.

Los agricultores y la industria tendrían que aportar los recursos para, a través de esta iniciativa, dotar de más vida a la Interprofesional. “Se está debatiendo la posibilidad de llegar a un presupuesto de 400.000 euros, pero por ahora no hay acuerdo”, reconoce Francesc Ollé. “Sería bueno que al inicio de la próxima campaña estuviese en marcha”.

En estos momentos, la AIFE está presidida por Juan Vitallé, quien destaca que “el 45% de la producción se aglutina alrededor de las cooperativas productoras de alfalfa, cuyo papel es muy importante”. A su juicio, “es un cultivo rentable para el agricultor, pero ahora mismo los precios son muy volátiles, suben y bajan mucho; tenemos que ir hacia una línea de continuidad para que no se produzcan esos picos”.

Gerardo Torralba es el representante de Asaja en la Interprofesional. Él considera que “hay que acudir a más mercados para no ser tan cautivos intentando, además, recuperar clientes de la ganadería nacional”. Por otra parte, en el marco de la reforma de la PAC, considera que “el sector del forraje debería ser considerado con sus peculiaridades”.

Lo dicho, unas cuantas tareas pendientes pero el convencimiento de que los cultivos forrajeros van a seguir siendo importantes para los sectores agrícola y ganadero.