El forraje sobrevive a la pandemia y mira al futuro con optimismo

España se consolida como principal productor de alfalfa deshidratada del mundo con una producción que se mantiene estable mientras la industria busca nuevos mercados exteriores

España ha encontrado un hueco en el mundo como principal país productor de alfalfa deshidratada de alta calidad. En esta posición está desde hace unos años y seguramente no la va a abandonar en un futuro inmediato, pero ante sí tiene algunos retos importantes. Al menos, eso creen los protagonistas que en estas líneas van a analizar la situación del mercado de los cultivos forrajeros en España.

Entre estos cultivos, la alfalfa es la gran protagonista, un forraje especialmente destinado a ganado vacuno de alta producción láctea, pero también indicado para la leche de oveja, cabra y camello, y en menor medida para el sector cárnico. EE. UU. es el primer productor y exportador del mundo, pero a diferencia de España, su forraje se seca al sol y posteriormente se prensa. Es un modelo (henificado y doble prensado) que no ofrece la misma calidad que el español (deshidratado industrial), ya que al no conseguir bajar tanto la humedad, las pacas o balas siguen fermentando y su ingesta puede provocar problemas en la alimentación de los animales. Sin embargo, los forrajes deshidratados son más seguros y aguantan mucho tiempo sin perder sus propiedades.

LOS DATOS DE ESPAÑA

Este escenario es el que ha permitido situar a los cultivos forrajeros españoles en una buena posición a pesar de que la producción se ha reducido en los últimos 15 años hasta estabilizarse, recientemente, en torno al millón y medio de toneladas. En cuanto a la superficie de cultivo, hay alrededor de 250.000 hectáreas. De ellas, 127.000 se destinaron en la última campaña a la deshidratación. El resto se dedica al autoconsumo en las explotaciones tras la siega o a la alimentación del ganado directamente en el campo.

De la producción dirigida a la industria en la última campaña –se inició el 1 de abril de 2020 y se cerró el 31 de marzo de 2021– aproximadamente el 80% fue alfalfa y, el resto, raygrass, veza, avena forrajera y maíz ensilado, entre los principales productos. Esta cifra, tanto de superficie como de toneladas comercializadas, se mantienen estables desde hace tres campañas, “aunque en los dos últimos años se ha recuperado algo el cultivo; en concreto, se estima que la superficie ha crecido en unas 20.000 hectáreas”, comenta Luis Machín, director de la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA).

Al referirse a la alfalfa –el más importante de los cultivos forrajeros alrededor del que gira esta industria–, Luis Machín explica que “tiene mucho futuro; ofrece fibra y proteína vegetal que van a seguir siendo fundamentales para el ganado estabulado; fija nitrógeno en la tierra; forma parte de las rotaciones de cultivos tradicionales de los regadíos y contribuye a objetivos ambientales como la reducción de productos fitosanitarios”.

EVOLUCIÓN

Hace 14 años, el 80% de la producción se consumía en España, pero los cambios en el sector lácteo provocaron que ese dato se haya quedado en la actualidad en el 20% y el resto se dirija a la exportación. Hoy en día, Emiratos Árabes, China y Arabia Saudí son los tres principales destinos de los forrajes españoles, “pero estamos trabajando para tener una mayor presencia en Japón y Corea del Sur, y también han aumentado los envíos a Colombia, Brasil e incluso Cuba”, asegura Machín.

La última campaña ha estado muy influenciada por la pandemia. “Empezamos con unos precios normales y una demanda interesante –prosigue–, pero desde el punto de vista logístico enseguida empezaron los problemas por las dificultades de movilidad; muchos contenedores se quedaron donde no se necesitaban y salieron menos barcos hacia Asia, lo que provocó que los portes se llegasen a duplicar”.

Al final, concluye Machín, “los datos de exportación del último año son parecidos a los inmediatamente anteriores, pero la industria ha tenido que asumir ese incremento de precio”. De cara a la nueva campaña, “todos vamos a tener que ajustarnos a esa situación”.

Mirando al futuro, el director de la AEFA valora con optimismo otros aspectos como el hecho de que “es una industria que se ha modernizado con tecnología puntera y grandes inversiones, que de verdad fija población en el medio rural con empleos de calidad y si nos atenemos a los precios pagados en los últimos años, el cultivo de alfalfa es bastante rentable”.

OTRAS VISIONES

En la Asociación Interprofesional de Forrajes Españoles (AIFE) están representados la industria, los sindicatos y las cooperativas. Su gerente hasta hace unos meses, Francesc Ollé, destaca el importante papel de arbitraje que tiene esta entidad cuando se producen discrepancias en los contratos de compra-venta de forrajes. A su juicio, uno de los principales retos de futuro de la Interprofesional es la aplicación de una extensión de normas para el forraje, de obligado cumplimiento para todo el sector a través de una orden ministerial, “que permita promocionar mejor nuestros productos, así como realizar estudios de calidad”.

Los agricultores y la industria tendrían que aportar los recursos para, a través de esta iniciativa, dotar de más vida a la Interprofesional. “Se está debatiendo la posibilidad de llegar a un presupuesto de 400.000 euros, pero por ahora no hay acuerdo”, reconoce Francesc Ollé. “Sería bueno que al inicio de la próxima campaña estuviese en marcha”.

En estos momentos, la AIFE está presidida por Juan Vitallé, quien destaca que “el 45% de la producción se aglutina alrededor de las cooperativas productoras de alfalfa, cuyo papel es muy importante”. A su juicio, “es un cultivo rentable para el agricultor, pero ahora mismo los precios son muy volátiles, suben y bajan mucho; tenemos que ir hacia una línea de continuidad para que no se produzcan esos picos”.

Gerardo Torralba es el representante de Asaja en la Interprofesional. Él considera que “hay que acudir a más mercados para no ser tan cautivos intentando, además, recuperar clientes de la ganadería nacional”. Por otra parte, en el marco de la reforma de la PAC, considera que “el sector del forraje debería ser considerado con sus peculiaridades”.

Lo dicho, unas cuantas tareas pendientes pero el convencimiento de que los cultivos forrajeros van a seguir siendo importantes para los sectores agrícola y ganadero.


Día Mundial de la Agricultura

9 de septiembre

El sector agrario es un sector estratégico en España y cuyo impacto económico es clave para el desarrollo de nuestro país. Sin embargo, es necesario garantizar el futuro del campo y el relevo generacional en el sector para frenar el despoblamiento de las áreas rurales

España es un país históricamente agrícola con el 33% del territorio dedicado a tierras de cultivo, lo que nos sitúa como el segundo país europeo en términos de superficie. Asimismo, en lo relativo a agricultura ecológica, nuestro país está a la cabeza del ranking europeo y el cuarto puesto mundial, con más de 2 millones de hectáreas dedicadas a este tipo de cultivo, según datos de la Fundación Ingenio. Y sin olvidar el carácter innovador de nuestras extensiones, ya que más del 60% de las empresas agroalimentarias españolas realiza actividades de I+D+i de forma constante, siendo una de las aplicaciones tecnológicas más extendidas el riego por goteo donde somos referentes mundiales junto a Israel.

Datos que ponen de manifiesto que el sector agrario en España es un sector estratégico por su repercusión económica, social y medioambiental. A esto hay que unir la gran diversidad y calidad de nuestras producciones agrícolas, así como el grado de especialización y tecnificación de nuestras explotaciones. Y es que nuestro campo se enfrenta a un gran reto: alimentar a una población en crecimiento, y aquí la digitalización es clave para abastecer al planeta y hacer una agricultura más sostenible y rentable tanto para el consumidor como para agricultor.

La despoblación, una asignatura pendiente

Sin embargo, en este día tan importante para todos, no podemos dejar de lado un problema que cada día preocupa más al sector y afecta al medio rural. Y es que, según el Consejo Económico y Social de España, el 95% de los pueblos tiene menos de 5.000 habitantes y el 60% están en riesgo de extinción debido a que tienen una población inferior a 1.000 habitantes. El abandono del sector primario es una realidad en España que no sólo afecta al propio despoblamiento y abandono de explotaciones, sino que envejece las áreas rurales hasta que muchas de ellas desaparecen.

La reducción de servicios básicos, la falta de oportunidades laborales o las malas comunicaciones, son algunas de las razones que empujan al abandono hacia las ciudades. Conscientes de la problemática, a principios de año, en Corteva unimos nuestras fuerzas con Alianza por una Agricultura Sostenible (ALAS) para poner en marcha el Programa Puebla. Una iniciativa de financiación y difusión que pretende premiar aquellos proyectos agrícolas de jóvenes españoles que fomenten el futuro del campo y el relevo generacional en el sector. En las próximas semanas conoceremos por fin el nombre de nuestros 6 ganadores, ¡no te lo pierdas!

#ProgramaPUEBLA:


El plátano europeo muestra sus manchas

El cultivo del plátano se debate en España y el resto de la Unión Europea entre la protección del colectivo que vive de su producción y la competencia con otros países productores del resto del mundo, que buscan en el mercado europeo incrementar su volumen de negocio.

Es una de las frutas preferidas por el conjunto de la población mundial, sustento alimenticio de muchas culturas y modo de vida para sus habitantes. La FAO así lo destaca en su análisis del mercado del banano, en el que señala el aumento de las necesidades de consumo de las crecientes poblaciones de los países productores como responsable de la expansión del cultivo en los últimos años.

En España, identificamos al plátano con sus islas, las Canarias, que abarcan el 60% de la producción comunitaria y que, junto a otras zonas ultra periféricas de la UE, surte al consumidor europeo, casi en exclusiva, ya que solamente unas 10.000 toneladas de plátano salen fuera de las fronteras europeas.

Para satisfacer la demanda de plátano de los consumidores de la UE se importan anualmente 5,9 millones de toneladas de plátanos o bananos de terceros países, por un valor de 3.840 millones de euros.

Y es que el cultivo del plátano precisa zonas tropicales y subtropicales, con temperaturas cálidas y húmedas. Es un cultivo que requiere mucha agua, buenas condiciones de luminosidad, suelos con buena porosidad y drenaje. Y en España, sólo las Islas Canarias cumplen esas condiciones.

Plátano de Canarias: destino España

En España, consumimos 13,9 kg de plátano por habitante al año, según datos del Informe Anual del Consumo Alimentario 2020 del MAPA. Los asturianos, seguidos de baleares, canarios, gallegos y vascos, son los que más kilos adquieren de esta fruta en nuestro país.

En 2020 los españoles dedicamos 22,26 euros/año a la compra de plátanos y llegamos a consumir un total de 642.017 Tm, de los que 379.680 Tm correspondieron a Plátano de Canarias.

Tras la naranja, es la fruta demandada en los hogares españoles según el Informe de Consumo Alimentario, que revela que en 2020 gastamos 1.028 millones de euros a la compra de plátanos.

Según datos de la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátano de Canarias (ASPROCAN), en 2020 se produjeron 430.023 toneladas de plátano, de las que sólo el 0,6% se exportaron (2.546 Tm). Según campañas, la producción de la IGP Plátano de Canarias de los últimos diez años, ha fluctuado entre las 350.000 y las 430.000 toneladas.

Con 9.061Ha destinadas al cultivo del plátano en Canarias según datos del ISTAC (Instituto Canario de Estadística), Tenerife es la isla que concentra el 42,4% de la producción con 182.532 Tm. Tras ella están La Palma (148.658 Tm) y Gran Canaria (90.346 Tm), con un 34,6% y un 21%, respectivamente. La estructura del sector platanero canario está basada en el minifundio, con un rendimiento aproximado por hectárea cultivada de 47.871 kg.

Y aunque la producción canaria no cubre el total del consumo nacional, el Plátano de Canarias ha conseguido situarse como líder del mercado español según Kantar WordlPanel, que le otorga una cuota de mercado que supera de media el 70%, siendo el otro 30% para la banana de distintos orígenes.

La fruta que vino de Asia

Prácticamente todos los plátanos que consumimos en la actualidad descienden de una u otra forma de las especies asiáticas (Musa), que tras años de selección nos han aportado las variedades más comercializadas en la actualidad.

Con más de 100 millones de toneladas producidas anualmente en más de 130 países, la variedad Cavendish es la que cuenta con mayor presencia a nivel mundial. Se impuso en la década de 1960, tras sufrir la Gros Michel su práctica desaparición a consecuencia del hongo Fusarium. En la actualidad el Sigatoka Negra es el hongo que afecta a las producciones existentes.

En muchos países del mundo, exceptuando España, se conoce como banano al fruto maduro de la bananera o platanera, mientras aquí se identifica generalmente como plátano al fruto nacional y como banana al importado. La Grand Cavendish es la variedad propia del cultivo en América, mientras que la Petit Cavendish es el plátano que se cultiva en Canarias.

La principal diferencia entre ambas es la velocidad de crecimiento. El Grand Cavendish americano tiene la ventaja de un crecimiento muy rápido (en torno a 6 meses), mientras que el ciclo productivo del Petit Cavendish de Canarias dura 18 meses. Además, sus racimos son más compactos y están en contacto todas las manos de plátanos.

Según datos de la FAO, la producción mundial de bananos pasó de 69 millones de toneladas en 2000 a 170 millones de toneladas en 2019. Los principales productores de plátanos o bananas son también grandes consumidores, como en el caso de Brasil, Filipinas, India y China.

De hecho, sólo un 15% del total de la producción mundial de bananos se comercializa en el mercado internacional; el resto se consume localmente. India, principal productor mundial de banana, destina 870.000 hectáreas a este cultivo en la actualidad, cerca del doble de extensión que dedicaba hace diez años, superando los 30 millones de toneladas de producción.

El segundo productor mundial es China con 23 millones Tm. Junto a Indonesia (7 M. Tm), Brasil (6,8 M.), Ecuador (6,5 M.), Filipinas (6 M. Tm), Ghana (4,8 M.) y R. Congo (4,8 M.) completan la lista de los diez principales productores de banano a nivel mundial.

Dimensión social del plátano en la UE

Las Islas Canarias forman parte del grupo de regiones ultra periféricas de la Unión Europea, que cuenta con una especial protección de su agricultura. A través del régimen POSEI, la UE fomenta la competitividad de las actividades agrícolas tradicionales, además de la producción, transformación y comercialización de cultivos de estas zonas, que se encuentran geográficamente a una gran distancia del continente europeo.

En el sector bananero de las regiones ultra periféricas, POSEI ha contribuido al mantenimiento de la producción en Canarias, Madeira (Portugal) Martinica y Guadalupe (Francia). La promoción con estándares de calidad y las estrategias de marketing con el empleo de distintivos de origen ("Plátano de Canarias" o "Banane française") han asentado las producciones isleñas.

Pese a ello, al sector le siguen preocupando los acuerdos comerciales de la UE con terceros países, principalmente con América Latina, ya que del cultivo del plátano dependen directa o indirectamente unos 15.000 empleos en Canarias y el 95% del plátano de Canarias se comercializa en España.

Los estándares y normativas que afectan al plátano europeo en materia medioambiental, social, laboral y de calidad graban el precio del cultivo frente a su competencia a nivel mundial, que cuenta con gastos de producción más reducidos que los cultivos comunitarios.

Las importaciones españolas de banana tienen su origen principalmente en Costa Rica (34%), Colombia (22%), Costa de Marfil (17%) y Ecuador (8%). Estos cuatro países, tras el Acuerdo de Asociación UE-Centroamérica mejoraron sus condiciones de acceso al mercado comunitario, con un arancel de 75 euros por tonelada actualmente. Las importaciones españolas de bananas o plátanos de estos países ascendieron a 174 millones de euros en 2020.


Las soluciones fitosanitarias, aliadas de los productores de arroz

En el mundo existen más de 80.000 especies de arroz, y en nuestro país es uno de los productos estrella, ya que es el protagonista en numerosas recetas gastronómicas. Sí, España es históricamente un país arrocero donde se cultivan algo más de 110.000 hectáreas de este cereal, según el Ministerio de Agricultura, lo que nos sitúa como el segundo país por extensión en la Unión Europea, tras Italia.

Corteva y su fuerte apuesta por el cultivo de arroz

El cultivo del arroz es una prioridad para Corteva, que a lo largo de su historia ha desarrollado nuevas soluciones que han mejorado y ayudado al agricultor en la protección de su cultivo y por consiguiente en la mejora de su rentabilidad.

Un ejemplo de ello es Loyant®, un herbicida de post-emergencia que se configura como la primera formulación desarrollada por Corteva en base a la sustancia activa Rinskor™, incorporada al porfolio de la compañía el pasado año. Un producto caracterizado por su amplio espectro de acción, su alta flexibilidad de uso, así como su favorable perfil para el medio ambiente, usuario y consumidor, que convierten a Loyant en una herramienta indispensable para mejorar la gestión de malas hierbas de una manera sostenible.

Y para ahondar en la búsqueda de nuevas opciones que garanticen el éxito de este cultivo, técnicos especialistas de Corteva y Qabtur Agroquímicos, empresa especializada en el cultivo del arroz y en la distribución de fitosanitarios, han analizado en Sevilla la eficacia de Loyant tras un año de su lanzamiento.

Y es que los profesionales de ambas entidades han concluído que durante la campaña 2020 en Sevilla se ha comprobado que Loyant® tiene una gran eficacia contra Cyperus Difformis o “Junquillo” con un solo tratamiento en el estado de 2 a 6 hojas. No obstante, en situaciones de alta infestación, condiciones de resistencia y/o nacencias escalonadas, hay que considerar una estrategia de control basada en dos tratamientos de Loyant®.

Y es que se ha observado que Loyant® contribuye al control de Echinochloa, incrementando la eficacia final en los programas de tratamiento. Estos programas deben contemplar 2 aplicaciones, además de otras materias activas eficaces para esta mala hierba y con diferentes modos de acción. En este sentido, es importante resaltar que se debe realizar la primera aplicación antes del ahijamiento de la mala hierba, y la segunda con un intervalo de 10-20 días.

No hay que olvidar que entre sus características destaca su excelente control sobre malas hierbas de hoja ancha como Ammania o “arbolito”, Heteranthera o Alisma.

Para conseguir la mejor eficacia de Loyant es necesario identificar qué malas hierbas tenemos presentes en la parcela y el estadio en que se encuentran, de tal manera que permita decidir cual es el mejor momento de la aplicación y qué programa de tratamientos es el más adecuado.

Además, debemos de seguir las recomendaciones de uso siguientes:

  • Antes de la aplicación debemos comprobar, el estado del cultivo, aplicar a partir de dos hojas del arroz, y el nivel del agua en la parcela, garantizando como mínimo que el 80% de la superficie foliar de las malas hierbas quede expuesta al tratamiento.
  • Durante el tratamiento hay tres aspectos fundamentales a la hora de aplicar Loyant; que la mala hierba esté nacida, que esté en un periodo activo de crecimiento, y que los equipos de aplicación estén correctamente calibrados.
  • Y después de la aplicación, se debe inundar el campo de 1 a 3 días después del tratamiento y mantenerlo inundado como mínimo 7 días.

 

Loyant es un producto muy flexible, ya que permite hacer dos aplicaciones durante el ciclo del cultivo, y tiene una amplia ventana de aplicación, pudiéndose aplicar tanto en presiembra como en postsiembra desde dos hojas del arroz hasta el hinchado de la vaina.

Por todo ello, Loyant no sólo es un herbicida eficaz de amplio espectro, es la llave a un mundo de posibilidades en estrategias de control de malas hierbas en el cultivo de arroz, permitiendo la máxima calidad del cultivo y mejorando el rendimiento de su cosecha.

 


La despoblación y el papel de la agricultura

Ni España vacía, ni España vaciada: “España donante”. Quien este término acuña es Marta Corella, alcaldesa de Orea, una localidad montañosa de Guadalajara que colinda con Teruel, situada en la comarca del Alto Tajo, al pie de la sierra del Tremedal, entre la sierra de Albarracín y la serranía de Cuenca. Su censo actual es de 181 habitantes.

Por lo que Corella debe saber bien de lo que está hablando: “No es la España vacía, porque vivimos aún en ella. Vaciada tampoco, porque ese es un proceso que aún no se ha dado. No ha concluido en sí, y a lo mejor nunca ocurre. Nuestra España es donante porque produce y genera alimentos y productos de calidad. Es donante de sostenibilidad medioambiental y donante de talentos que se han mandado a trabajar a la ciudad”.

Estas palabras desvelan parte de la dicotomía actual que atraviesa el fenómeno de la despoblación: por un lado – y la pandemia de la COVID-19 lo ha puesto de manifiesto más que nunca – las ciudades dependen del sector primario, y sobre todo, de la agricultura y de la ganadería. Por el otro, aquellas y aquellos que no se dedican a la agricultura o al sector primario, acaban marchándose a la ciudad, bien a estudiar, bien a buscar trabajo en los otros sectores.

¿Cómo hacer que esta tensión dialéctica converja y no acabe tirando de los extremos hasta que se alejen sin remedio?. ¿Es la agricultura la única solución, no sólo a la supervivencia de las ciudades, sino también al arraigo de las personas a los pueblos?.

Sin duda, el sector agrícola es parte de la solución, y parte primordial, si no mayoritaria. Tal que el sector terciario forma parte indisoluble del carácter cosmopolita. No obstante, en el complejo fenómeno de la despoblación, no caben soluciones únicas, sino más bien visiones  holísticas que cuenten con medidas y políticas integrales para el territorio. Pues, aquellas y aquellos que se queden a arar la tierra, o aquellos urbanitas que quieran trabajar en el sector agro: ¿no desearán disponer de servicios básicos y esenciales y conectividad (de movilidad y virtual) que les hagan disponer de una vida rural satisfactoria?. Aquellos que no desean marcharse, ¿no se quedarían con una perspectiva de bienestar social garantizado?. Más aún, aquellos urbanitas que quieren donar su talento al campo: ¿no lo harían con una mínima garantía de que la apuesta fructificará?.

Queda claro y patente, pues, que la repoblación de las áreas rurales pasa también por la diversificación de sus actividades económicas. Amén de dotarlas de servicios básicos esenciales y de transportes y plena conexión a internet. Esta es la apuesta decidida de la Comisión Europea, que acaba de publicar su visión a largo plazo para las áreas rurales: un documento que marca una hoja de ruta para la Europa rural del 2040 y que propone un gran Pacto Rural – junto a un Plan de Acción Rural – que dote a las áreas rurales de mayor fortaleza, resiliencia, autonomía y conectividad.

Savia nueva

Además de una visión integral sobre el territorio, es indispensable que las nuevas políticas de desarrollo rural y las políticas agroalimentarias vayan dirigidas de manera muy especializada a un público objetivo que casi podría decirse es el público “estrella”: la juventud.  La juventud, rural y urbana, es la que va a heredar la tierra, literalmente. Como también va a heredar el actual modelo de interrelación entre el mundo rural y el urbano;  ¿Puede seguir la ciudad viviendo de espaldas al campo pero consumiendo sus productos?.

Sin los jóvenes, no hay futuro. Y no es una frase hecha: es una obviedad. Por ello, los esfuerzos hacia la juventud han de ser no sólo tanto de políticas que otorguen esperanzas y posibilidades reales a sus elecciones vitales. Ha de ser un esfuerzo cultural y social en el que se les enseñe a amar la tierra, a amar la agricultura, a  amar al pueblo, a amar al medio rural y amar al sector primario. A mirarlo de frente y no consumirlo de espaldas.

Pero se les ha de proporcionar no sólo esperanza, sino también medios y recursos. El compromiso político ha de ser no sólo el de señalar la tierra, sino también sus frutos y sus vías de acceso. Hay que proporcionar el mapa.

Hacia el talento agrario

La política actual, más consciente que nunca de que el relevo generacional se presenta como la única salida de futuro para abordar el fenómeno de la despoblación,  ya ha empezado a idear fórmulas que atraigan y retengan a los jóvenes en el sector primario.

Prueba de ello es la reciente convocatoria por parte del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) del Proyecto Cultiva, un programa que ya comenzó en 2020 con la I edición del “Programa de Visitas a Explotaciones Modelo”.

Además, el MAPA ha incorporado en su web un espacio específico sobre Jóvenes Rurales, en el cual se incluye un apartado donde puede consultarse toda la información relativa al Programa de Estancias Formativas de Jóvenes Agricultores a Explotaciones Modelo.

No sólo hay iniciativas gubernamentales en búsqueda del talento agrario y rural. Están proliferando bastantes proyectos encaminados a potenciar el relevo generacional. Es el caso del Programa Puebla, respaldado por Corteva Agriscience y la Fundación “Alianza por una Agricultura Sostenible” (ALAS) y destinado a apadrinar 6 proyectos empresariales de jóvenes agrarios.

Todos los caminos conducen a la Tierra. Y parece, de momento, que el relevo generacional marca el sendero.


La fijación de nitrógeno en las plantas, vía para captar alimento del aire

Unos de los grandes retos a los que se enfrenta la agricultura a medio y largo plazo es el de ser capaz de abastecer de alimentos a una población mundial que aumenta a un ritmo vertiginoso. Según estima la FAO, para el año 2050 serán necesarios casi el doble de los alimentos, forraje y biocombustible de los que se producen ahora para poder dar de comer a los habitantes de la Tierra. Hacer más eficientes los recursos de los que ya se disponen y conseguir producir una mayor cantidad de alimentos de forma más rápida y con el menor impacto medioambiental posible es una tarea que será fundamental en este contexto y para la que ya se trabaja desde varios ámbitos.

Para producir dichos alimentos, lo primero es dar sustento a los suelos que les proporcionan los nutrientes con los que crecer. Entre los tres elementos que necesita el terreno para que los cultivos puedan prosperar en él (fósforo, potasio y nitrógeno) vamos poner el foco en este último por su importancia, ya que compone el 78% del aire de nuestra atmósfera, y por tanto es un elemento considerado fuente de vida. Sin él no es posible el crecimiento de las plantas o un buen rendimiento de los cultivos. De ahí que el nitrógeno obtenido por procesos químicos, principalmente a través de la destilación fraccionada del aire líquido, sea el más usado en las tareas de abonado y fertilización de los suelos de todo el mundo.

Pero ¿qué sucedería si se aprovechara a gran escala la capacidad que tienen algunas especies vegetales de captar nitrógeno por sí mismas? Supondría un importante ahorro de recursos y una mayor protección medioambiental para un planeta condenado a rendir al máximo en la fabricación de recursos agroalimentarios.

Son cada vez más los proyectos e investigaciones que retoman el conocimiento de los agricultores de antaño y los complementan con la base científica actual para lograr que este nutriente se produzca en los suelos de forma natural y gracias, principalmente, a los cultivos de algunas plantas leguminosas. “La tradicional rotación, por ejemplo, era algo que los antiguos intuían que venía bien al suelo, aunque no conocían el por qué. Hoy ya sabemos científicamente que se debe a que las leguminosas son capaces por sí mismas de fijar el nitrógeno al suelo y, por tanto, aportarle los nutrientes que requiere sin necesidad de añadir productos extra.”, explica Luis Rey, profesor e investigador del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas. “Así, si un año se plantan leguminosas y al siguiente, cereales, el suelo contará con nutrientes, no como si siempre se plantan cereales, por ejemplo, donde habrá una carencia de estos”, añade el investigador.

La fijación de nitrógeno de la atmósfera al suelo se produce gracias a unas bacterias, que pueden hacerlo en solitario (bacterias de vida libre) o mediante bacterias (rizobios) que actúan en simbiosis con algunas especies vegetales, principalmente las leguminosas.  Diversas investigaciones analizan cómo se produce esta fijación y de qué modo aplicarla a las necesidades agrícolas actuales, muchas de ellas amparadas por la Sociedad Española de Fijación de Nitrógeno (SEFIN), que desde hace más de 30 años recopila e impulsa los trabajos en esta área.

Plantas en condiciones de estrés

El Grupo de Fijación de Nitrógeno de la Universidad de Granada (dependiente del departamento de Fisiología Vegetal) es uno de los más conocidos en toda la comunidad científica por sus estudios sobre fijación biológica de nitrógeno al suelo gracias a la simbiosis entre bacterias del suelo fijadoras de nitrógeno atmosférico y plantas leguminosas.  Miguel López-Gómez, profesor titular de este departamento y miembro del equipo de investigación, explica cómo esta simbiosis es capaz de transferir el nitrógeno de la atmósfera a la planta a través de la colonización por parte de las bacterias de la raíz, nutriéndola de esta forma y sin posibilidad alguna de contaminación.  “Estudiamos los mecanismos de las plantas para adaptarse, así como las más adecuadas en dicha adaptación”, indica. Entre todas, destaca a las leguminosas y, dentro de esta rama, a especies como la alfalfa, las judías verdes, los garbanzos, las alubias o los atramuces. Son, apunta, cultivos de bajo impacto porque no requieren utilizar fertilizantes, lo que supone un importante ahorro económico y medioambiental.

Las líneas de investigación de este departamento giran en dos caminos. La primera se centra en las respuestas adaptativas de la simbiosis a condiciones de estrés, como la elevada salinidad, con el fin de mejorar la productividad de especies de leguminosas de interés agronómico en regiones semiáridas. Así, trabajan junto a universidades del norte de África, como Túnez y Marruecos, con las que analizan la baja productividad debido a la calidad de sus suelos. En toda la cuenca mediterránea, indica el investigador, es muy habitual encontrarse con cantidades excesivas de salinidad en los suelos, lo que los convierte en poco productivos. A través de sus investigaciones, el grupo pretende solventar estas carencias gracias a la capacidad de las plantas para fijar el nitrógeno.

Por otro lado, mediante el incremento de la eficiencia de la fijación biológica de nitrógeno se pretende favorecer la utilización de leguminosas para la recuperación de suelos degradados y mejorar la calidad de estos. Este procedimiento permite además la reducción en la utilización de fertilizantes químicos con la consiguiente reducción de costes económicos y ambientales en la producción de otras especies hortofrutícolas

Revolución agraria

En el Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas, organismo de carácter nacional que desarrolla diferentes investigaciones relacionadas con la fijación de nitrógeno, la investigación matriz estudia cómo mejorar el rizobio que coloniza a las raíces de las plantas con el fin de inocularlo en diferentes cultivos. Para ello, se analiza el genoma de dichas plantas y se comprueba cuáles son más adecuadas a unas bacterias o a otras y por qué. Una de las grandes aplicaciones en la agricultura que persigue esta investigación es la posibilidad de inocular estas bacterias a otros cultivos que de por sí no son capaces de fijar nitrógeno, como es el caso de los cereales. De hecho, el estudio ha despertado tal interés mundial que cuenta con fondos de financiación de la fundación Bill y Mellinda Gates. “Supondría una gran revolución para la agricultura y para la alimentación el hecho de que se pudieran inocular estos rizobios a los cereales y lograr que los suelos en los que se cultivan fijaran nitrógeno”, indica Luis Rey.

Otra de las líneas de investigación del centro trabaja en averiguar por qué las leguminosas tienen esta capacidad de fijar nitrógeno y otras plantas no. Así, estudian las moléculas y sus diferentes procesos con el fin de conocer las claves bajo las que se produce este fenómeno. Sumado a esto se añaden las investigaciones relacionadas con las bacterias de vida libre y su impacto positivo en los cultivos como el de la caña de azúcar. Dichas bacterias son capaces también de nutrir los suelos sin necesidad de colonizar las raíces de la planta, por lo que su correcta utilización sería fundamental en la agricultura.

Banco de rizobios

En el IFAPA (Instituto de Formación Agraria y Pesquera de Andalucía) ya cuentan con una colección de rizobios y con ellos realizan ensayos para inocularlos en diferentes cultivos y producir esa “infección beneficiosa” que genera el nitrógeno.

También el Instituto ha realizado algunas investigaciones para favorecer los suelos de cultivos leñosos como el olivar, que suelen necesitar habitualmente nutrientes artificiales. Javier Hidalgo, miembro del IFAPA, indica que en el caso de las plantaciones olivareras sería fundamental reducir la cantidad de fertilizantes con nitratos y evitar las posibles contaminaciones de acuíferos por el arrastre que provocan las lluvias. Una de las alternativas es la plantación de leguminosas entre los olivares, bien para su explotación o únicamente como cubierta vegetal y con el fin de que, de un modo u otro, nutran los suelos. Sin embargo, todavía son escasas las explotaciones que optan por este tipo de cubiertas, con una vida más efímera que las de otro tipo de cultivos o confeccionadas con poda del propio olivar.

También ha habido ensayos con inoculaciones en las plantas, aunque las investigaciones deben avanzar algo más para que este tipo de medidas acaben implantándose en la agricultura.

Hoy, en Corteva ponemos a disposición de los agricultores Instinct®, un estabilizador de nitrógeno aplicable a una amplia variedad de cultivos presentes en el campo español como maíz, cebada, pasto o trigo. Este producto inhibe temporalmente el proceso de nitrificación evitando que el nitrógeno aportado durante la fertilización del cultivo se pierda. Más información aquí.


La soja como posible cultivo emergente en España

La Glycine max, conocida popularmente con el nombre de soya o soja, es una leguminosa con alto contenido de proteína. Su grano y los productos de él derivados -aceite, bebidas o harina de soja- se destinan a la alimentación humana, del ganado y de aves.

En España, la soja es la leguminosa más consumida y, paradójicamente, la menos cultivada, lo que hace que nuestro país sea dependiente de las importaciones. En los últimos 15 años, las importaciones de soja han oscilado entre los 5 y los 7 millones de toneladas anuales, el 95% del total de importaciones de leguminosas.

Hasta ahora, las posibilidades de expansión del cultivo de soja en España han sido muy limitadas, pues se trata de un cultivo de verano con alta necesidad de agua. Pedro Gallardo, presidente del grupo de trabajo de oleaginosas y proteaginosas del COPA-COGECA apunta las razonas por las que la producción de soja no termina de despuntar en España: “En primer lugar, la UE no ha permitido el acceso a la soja transgénica, que habría sido muy rentable, pues permite el uso de herbicidas que abaratan el cultivo”.

Sin embargo, en otros países de la UE, como Italia, la producción sí es importante. Según datos del MAPA, en Italia se produce más del 40% de la soja total de la UE, que en 2020 alcanzó los 2,7 millones de toneladas. En España, en 2020 se han producido apenas 4185 toneladas. A diferencia del país transalpino, “en nuestro país no se ha apostado por la investigación público-privada para tener variedades adaptadas a nuestra climatología”, señala Gallardo, para quien la soja es un cultivo con gran potencial: “En Italia, la soja se cultiva en el valle del Po. En España, en el valle del Ebro tenemos condiciones muy parecidas y sería una zona muy propicia para producir soja, pero si no hay rentabilidad, los agricultores no apuestan”.

A pesar de que es un mercado todavía incipiente, las condiciones climáticas en el valle del Ebro de las que habla Gallardo han hecho que la soja gane protagonismo en los últimos años en Aragón, que se ha convertido en la primera comunidad autónoma productora de soja en España por delante de Extremadura. Datos de Cooperativas Agroalimentarias muestran que la superficie de cultivo de soja en regadío en nuestro país es pequeña, pues ocupa unas 1400 has, frente a grandes cultivos de regadío como el maíz, que ocupa más de 347.000 has. Desde la Red ARAX (Red aragonesa de cultivos extensivos y leguminosas) señalan, no obstante, que “el interés por la diversificación, rotación de las superficies de regadío y un mercado en constante crecimiento lo hacen muy interesante, tanto para el mercado humano como de pienso”.

En el año 2009, el Centro de Transferencia Agroalimentaria del Gobierno de Aragón comenzó a trabajar de forma más organizada en el cultivo de soja de consumo humano. En los últimos cinco años, el grupo de trabajo de “Soja del Valle del Ebro”, en el que se concentran cooperativas, técnicos y productores, ha puesto en marcha experiencias diversas de adaptación de material vegetal a las condiciones de cultivo de los regadíos de Monegros, Bardenas, Gállego y Cinca, y han constatado las posibilidades reales de cultivo y los problemas que existen actualmente con su desarrollo.

Jesús Abadías, responsable de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón, asegura que este proyecto “apuesta por la innovación y la investigación” y permite comprobar “la adaptabilidad de nuevas variedades en primera y segunda siembra”. De este modo, se ha identificado el material vegetal y los ciclos que permiten tanto el cultivo en primera siembra, con unas producciones que pueden superar los 5000 kg/ha en condiciones óptimas de inoculación, agua y control de malas hierbas, como el cultivo en segunda siembra, después de un cultivo de cereal (sobre todo cebada), que dan unas producciones de entre 2500 y 3000 kg/ha.

También han comenzado a usar bioestimulantes, que mejoran la calidad de la producción final y aumentan sus expectativas. En cuanto a las dificultades, estas derivan de la falta de herramientas para un control adecuado de las malas hierbas o de la multiplicación de variedades que garanticen el material adecuado.

En esta línea, Pedro Gallardo destaca la importancia de las nuevas técnicas de edición genética, que permitirían tener en España “una soja más sostenible” que se podría producir donde no se produce hoy. Estas técnicas ya han sido aprobadas en varios países, como Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Japón o China, y la importación de esta soja, que no es transgénica, está permitida en la UE.

El rendimiento medio de la soja suele oscilar entre 2000 y 2500 kilogramos por hectárea y año. Sin embargo, en España, en 2020, se superaron los 2900 kilogramos por hectárea de media, llegando a alcanzar en la zona de Zuera (Zaragoza) una media de 5700. A diferencia del resto de leguminosas, este rendimiento es superior al del trigo (1800 kg/ha).

La mayor parte de la soja que se produce en España depende de un contrato con una empresa industrial (Calidad Pascual controla más del 90% de la producción total) y se destina principalmente a la fabricación de bebidas.  Apenas se produce para alimentación humana ni animal.

La producción de soja en números

La producción mundial de soja es superior a los 110 millones de toneladas, y el 80% se concentra en Estados Unidos, Brasil y Argentina. En la UE, los principales productores son Italia, que produce más del 40% de los 2,7 millones registrados en toda la Unión, seguida de Francia y Rumanía.

En España, la producción de soja alcanzó en 2020 las 4185 toneladas, una cifra inferior a la de 2019, cuando se alcanzaron las 5053, y similar a la de 2018, que sumó 4249. En cuanto a hectáreas de superficie cultivadas, en 2020 se cultivaron 1426 hectáreas, por 1571 en 2019 y 1481 en 2018.

En cuanto al lugar de producción, Aragón superó en 2020 a Extremadura en número de hectáreas cultivadas (563 frente a 520) y en toneladas producidas (1942 frente a 1330). Siguen a estas Comunidades Castilla y León (194 ha y 646 toneladas), Cataluña (112 ha y 188 toneladas), Castilla la Mancha (24 ha y 56 toneladas) y Andalucía (8 ha y 11 toneladas). En Navarra se cultivaron en 2020 apenas 5 hectáreas de las 45 de 2019; su producción bajó de 104 toneladas a 12.


El renacer del cultivo de frutos secos

Los frutos secos siempre han estado presentes en los cultivos agrícolas españoles con tradicionales zonas productoras, sobre todo en el arco mediterráneo. El almendro ha sido protagonista del paisaje agrario tradicionalmente en el levante y el sur y la avellana en Cataluña, a lo que se unen otras explotaciones de nogales en diferentes comarcas, así como el cultivo de pistacho de un tiempo a esta parte.

España fue en tiempos una gran potencia productora de almendra, pero el liderazgo mundial lo tiene actualmente California, donde se ubica la entidad de referencia mundial Almond Board. Estados Unidos concentra el 80% de la producción mundial de almendra, que se calculó en 1.684.395 toneladas (t) en 2020. Y más allá, Australia es otro gran productor con en torno al 7% mundial. Estos tres países generan claramente más del 80% de la cosecha mundial.

Hoy en España producimos menos almendra de la que consumimos, paradójicamente, y ahí se encuentra una oportunidad. En almendro fue relegado a zonas marginales en muchos casos y hoy se puede ver en fincas mecanizadas y con agua.

Son cuatro las principales causas que están impulsando el renacer de estos cultivos, centrados fundamentalmente en almendro y pistacho. Por un lado, la falta de rentabilidad de los campos -principalmente de cereal- está haciendo que muchas explotaciones diversifiquen hacia frutos secos, sobre todo en zonas donde se tiene acceso al regadío. A ello se unen las cotizaciones de este tipo de producciones que en los últimos tiempos han venido siendo más rentables que otros cultivos. Precisamente estas plantaciones de frutos secos han estado permitiendo que se dejen de plantar más olivos. En tercer lugar el alto grado de mecanización que se ha implantado con el desarrollo de nuevas técnicas y maquinarias, algo fundamental para abaratar costes. Por último, las investigaciones en nuevas variedades tardías, más resilientes y productivas están haciendo que prosperen estos árboles en latitudes y lugares inapropiados, también impulsados por las condiciones climatológicas de menos frío.

Almendrave (Spanish Almond Board) cifraba la superficie española dedicada al almendro en 718.000 hectáreas -527.000 en 2014- en un reciente recuento. También se apuntaba que el regadío -que puede producir hasta siete veces más que el secano, va camino de representar la mitad de la superficie; y se calculó que el 25% está en producción ecológica y que la quinta parte de lo plantado aún no ha entrado en producción. Sin embargo, el avellano ha retrocedido de 33.000 a 13.000 has. La producción este año puede rondar las 110.000 toneladas (t) de almendra grano, pero en los próximos años puede alcanzar las 180.000 toneladas.

Según datos de Cooperativas Agroalimentarias de España, Andalucía lidera la producción nacional de almendra, seguida de otras regiones como Castilla-La Mancha, Aragón, Comunidad Valenciana y Murcia. En estos datos influyen mucho los condicionantes meteorológicos. En cuanto a superficie, sigue destacando la mitad sur peninsular.

Si nos referimos a la demanda nacional, los frutos secos tienen un importante uso en la industria agroalimentaria. Centrándonos en el hogar, según el Informe de Consumo Alimentario en España 2020 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la evolución ha sido favorable en el último año con crecimientos cercanos al 20%. Los frutos secos suponen 0,55% del volumen de compra pero el 1,66% del gasto, con una media de 28,45€/per cápita, cercano por ejemplo a un producto tan común en los hogares como el aceite de oliva. En hogares se consumen más nueces, seguidas de cacahuetes, almendras y pistachos. Los frutos secos tienen un valor bruto de 1.315 millones de euros y 176.265 toneladas. Las perspectivas son de aumento de la demanda, ayudado por unas propiedades saludables que el consumidor valora cada día más. Y este consumo va en aumento porque en los hogares hay posibilidades de incrementar la ingesta por persona de 220 gramos de pistacho, 80 de avellana, 280 de almendra o 700 de nuez. 3,81 kilos en total de frutos secos según este estudio, que también apunta que el valor medio de todos estuvo en 7,46€/kg. En cuanto al perfil de consumidor, está representados por adultos, parejas con hijos y todas las clases sociales.

Un sector en alza con vistas a futuro

Se puede decir que esta apuesta por los frutos secos es claramente decidida. Hay que pensar que se trata de árboles que pueden tardar años en dar su primera cosecha, caso del pistacho, a lo que se puede unir las peculiaridades en su cultivo, tratamiento y conservación.

También hay que referirse a la evolución que está teniendo el sector en los últimos años. El sistema de ayudas a través de organizaciones de productores de frutas y hortalizas (OPFH) está permitiendo recabar ayudas que están transformando el sector desde el primer eslabón hasta una industria agroalimentaria con proyectos de búsqueda de valor añadido a través de nuevos productos y usos para el consumidor que podemos ver en los lineales; por ejemplo, los laminados o almendra en trozos van a evolucionar hacia nuevas presentaciones con muchas posibilidades.

La investigación del sector tiene varias líneas que seguro que van a continuar a futuros: superación de problemas propios del fruto seco, como por ejemplo la almendra amarga; mejoras agronómicas (variedades, resistencia a las inclemencias meteorológicas, mecanización…); y puesta en valor de las propiedades saludables.

En cuanto a la organización de la producción es cierto que el peso del cooperativismo es menor que en otros sectores, pero también existen entidades asociativas consolidadas y dedicadas tradicionalmente a los frutos secos, a las que se unen nuevas iniciativas cada vez con más peso y que están avanzando en la cadena de valor.

Como conclusión, dos árboles principalmente compiten en las nuevas plantaciones, el olivo y el almendro, y de su perspectiva de rentabilidad dependerá su evolución. Los últimos tiempos de cotizaciones bajas en este fruto seco pueden ralentizar su renacimiento. Pese a ello, España puede consolidar su segunda posición en el mercado mundial, tras el gigante Estados Unidos.


El reto de la digitalización en la agricultura

Sistemas de geoposicionamiento, riego de precisión, colorimetría…, las nuevas tecnologías en la agricultura son una realidad y gracias a ellas puede lograrse una mayor rentabilidad de la explotación, mayor calidad en la producción y ser más sostenibles. La clave está en comenzar con un buen análisis y un correcto asesoramiento.

El sector agrario mira de frente a las nuevas tecnologías, es más, en los últimos años se han dado pasos de gigante en cuanto a la digitalización, progresos que han logrado que simplemente con un dispositivo smartphone un agricultor pueda activar el sistema de riego de su explotación, pueda conocer el estado de la misma o incluso anticiparse a posibles eventualidades y ponerles solución.

Centrándonos en la agricultura extensiva, en los últimos años se están produciendo importantes avances; no quedarse atrás es imprescindible, tal y como corrobora Santiago Ocón, profesor de Agropecuaria de la EFA Molinos de Viento de Campo de 

Criptana (Ciudad Real), “la modernización del campo es fundamental; actualmente se están llevando a cabo en explotaciones extensivas verdaderas maravillas, tecnológicamente hablando, que suponen una mejora para el agricultor y su producción”.

De la misma opinión es Juan Sagarna, director del Departamento de Sostenibilidad, Calidad e Innovación de Cooperativas Agro-alimentarias de España, “es muy importante que la agricultura se modernice y es preciso mencionar el esfuerzo que los cultivos extensivos llevan haciendo para introducir la agricultura de precisión, pero con diferente fortuna”. Esta agricultura no ha logrado ser dominante frente a la tradicional, por lo tanto, estamos en el momento en que la digitalización y las nuevas tecnologías deben tomar el relevo, “la nueva transformación digital te exige conectarte con el resto de elementos de la cadena alimentaria; la explotación tiene que conectar con sus clientes, con la logística, con la transformación, con la agroindustria y, lo ideal, también con el consumidor”.

Más rentabilidad, más tiempo, más beneficios

Por ello el gran reto de la digitalización de la agricultura pasa por que los agricultores obtengan beneficios, que los cultivos sean más eficiente y rentables, con sistemas de análisis más precisos; se trata de sustituir la agricultura tradicional, basada en la exper

iencia, por el análisis de datos y la información detallada.

La digitalización debe llegar al agricultor, “demostrarle” que logrará, gracias a ella, un ahorro económico, una conexión con el resto de la cadena agroalimentaria o bien, proporcionar un valor añadido en términos de ahorro de tiempo; en este sentido Santiago Ocón sostiene “que desde tu casa, con tu teléfono móvil o tu tablet, puedas suministrar a tu explotación la cantidad de agua que necesita o aplicar los abonos necesarios permitirá al agricultor dedicarse a otras cosas que su producción necesita y que no puede realizar si tiene que estar constantemente a pie de campo, como vender mejor su cosecha o pensar qué otras infraestructuras necesita”.

Análisis, asesoramiento y unión

¿Qué debe hacer un agricultor que quiera introducir en su explotación las nuevas tecnologías? Joaquín González, CEO en GFS Consulting Group y presidente de Quixote Innovation, explica que “lo primero que se debe hacer es el autoanálisis, porque aunque siempre se oye que lo digitalizado mejora la productividad, debemos plantearnos ‘¿qué quiero yo y para mí qué hay?’, y desde luego, saber qué capacidad tengo  de aceptar esta nueva tecnología, debes analizar tu entorno, ¿de verdad apostarás por esto?, ¿o vas a arrancar y a frenar en poco tiempo? Hay que estar seguros de lo que necesitamos”.

Por su parte Juan Sagarna afirma que la clave está en la unión, “a no ser que seas un gran empresario

agrícola o que te gusten mucho las nuevas tecnologías, lo que debes hacer es agruparte con otros agricultores para organizar la transformación digital de tu comarca, y si estás en una cooperativa, exigirle que  te dé soluciones de digitalización. Hay también vías para investigar, como asociaciones, universidades…, pero son las empresas del sector las que tienen que ofrecer productos y servicios a las necesidades reales. Es importante que el sector sepa que esto es un reto”.

Santiago Ocón pone el foco en un buen asesoramiento, “lo primero es informarse, asesorarse por profesionales especializados y, desde luego, analizar tu explotación y ver qué necesidades tienes”.

Tecnología más utilizada

Las técnicas más utilizadas actualmente pasan por la determinación de la cantidad de agua exacta que necesita una explotación, mediante sondas de distinta profundidad, como el caso de la viña, logrando así una eficiencia en el gasto del agua (se llega a reducir un 35% su consumo) y la rentabilidad del cultivo; o la determinación del estado de la vegetación mediante la medición de la actividad fotosintética, a través del sistema llamado de colorimetría, que puede verse desde el móvil.

El geoposicionamiento satélite también ha penetrado en el sector con fuerza, como apoy

o a la guía del tractor y de la maquinaria; este sistema es ya mayoritario y actualmente los tractores tienen la capacidad de interactuar con este proceso. Asimismo, el riego de precisión en España es también un sistema tecnológico apoyado por datos, por sensores y automatismos; ha “calado” muy bien en

el sector y supone una apuesta de futuro.

Respecto al secano, “se trata de una agricultura que tiene más difícil el incorporar las tecnologías”, afirma Juan Sagarna, “pero es donde tendrían una mayor utilidad, por eso es necesario contar con una incorporación digital de bajo coste y mucha utilidad, como la información de la fenología del cultivo vía satélite”, explica, refiriéndose al programa Sentinel 2, de la Agencia Espacial Europea (ESA), que proporciona imágenes satélites que permiten seguir el cultivo en tiempo real. “Las nuevas tecnologías para estos cultivos deberían ser elementos agregadores y gratuitos para el agricultor, porque a veces exigen una formación que no es asumible, y ahí juegan un papel fundamental las cooperativas y las asociaciones de productores, que pueden hacer de canal para formar al agricultor”.

Toda esta tecnología ayudará, además, a cumplir con las exigencias que ya están a la vuelta de la esquina: en 2030 Bruselas exigirá una reducción del 50% en la utilización de los fitosanitarios y un 20% menos de fertilizantes.

Rentabilidad

Los expertos coinciden en que la rentabilidad de implementar las nuevas tecnologías en la agricultura está asegurada. Juan Sagarna lo explica de este modo: “Este es un camino de largo recorrido y puedes incrementar el beneficio que tú obtengas, reduciendo los costes; podemos hablar de un 10%, cifra bastante razonable. Es un camino que no solo va a poder mejorar tus ingresos y beneficios, sino que te va a ayudar a adaptarte a las nuevas exigencias para 2030, por eso la digitalización es necesaria”.

La transformación del sector es una realidad, sostiene Joaquín González, “pero la rentabilidad no es inmediata, depende de lo que digitalicemos; es distinto si lo hacemos en mecanizado, porque el retorno de inversión, al necesitar menos mano de obra, se recuperará antes, que si digitalizamos el control de almacenamiento, una gestión total de la producción, la generación de datos (Big Data)”.

El rendimiento para el sector es global, y más teniendo en cuenta que el relevo generacional es una realidad y cada vez más agricultores jóvenes toman el testigo. Estos ya no tienen el conocimiento ancestral de la agricultura y necesitan información basada en datos, por eso el único camino es la digitalización, camino ineludible si quieres estar en el mercado y ser un agricultor profesional.


Colza: ¿Cuál es el mejor momento para cosechar?

Elena Catalina, Category Marketing Manager Oleaginosas, Iberia

Nos acercamos al final, todo el esfuerzo y cuidados del año están a punto de dar sus frutos. El cultivo se va tornando de color dorado y nos adentramos en el momento clave para la cosecha.

La colza es un cultivo perteneciente a la familia de las Brasicas y se caracteriza por tener los frutos agrupados en silicuas que, una vez sobre maduradas, tienden a abrirse y dejar caer el grano con el fin de reproducirse y perpetuar la especie. Es importante destacar que, con la mejora que se aplica a los híbridos conseguimos que esa dehiscencia sea mucho menor que las especies silvestres. Sin embargo, continúa siendo importante cosechar el cultivo antes de que esta sobremaduración llegue y podamos tener alguna pérdida. Después de todo, el esfuerzo y recursos invertidos durante el cultivo pueden asegurarnos el poder recoger la cosecha en su totalidad.

Así tendremos que fijarnos tanto en los signos externos que nos muestra el cultivo, como en las diferentes mediciones que nos facilitan las herramientas disponibles.

Empezaremos por los cambios que se producen en el cultivo. Normalmente, el aspecto general de la planta pasa de tener un color verde intenso a amarillo y siempre empezará por la base del tallo e irá hacia arriba. Las silicuas también irán poco a poco a cambiando hacia un tono más amarillento. También podremos observar cómo las semillas dentro de la vaina van cambiando de verde, a un tono marrón rojizo y finalmente a negro. Además, si antes de abrir las silicuas las sacudimos, comprobaremos que empiezan a sonar. En este momento la humedad aproximada es del 15%, lo que significa que queda muy poco para la cosecha.

Otro aspecto a tener en cuenta es la humedad, siendo óptima para la cosecha entre el 8% y el 11% para así evitar pérdidas. Cómo hemos dicho antes, debemos tener cuidado con la sobremaduración ya que puede provocar la dehiscencia de las silicuas y la caída al suelo de parte de la cosecha.

Imágenes de satélite aliado para una monitorización óptima

Cuando las parcelas de cultivo son grandes es complicado hacer un muestreo de la humedad del grano para prever la cosecha. Al ser un cultivo muy ramificado hace muy difícil recorrer el campo para hacer un muestreo adecuado. Aquí entra en juego la importancia del uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la agricultura

Ejemplo de ello es la monitorización con la ayuda de imágenes de satélite. A través de la imagen que recibimos podemos calcular el NDVI o índice de vegetación. Este nos indica la cantidad, calidad y desarrollo vegetativo de nuestro cultivo. Al hacer el seguimiento del cultivo podemos observar las diferentes fases por las que pasa. Esto nos permitirá tomar varios puntos de la parcela para tener una visión más exacta de todo el campo y podremos tomar la mejor decisión que nos permita cosechar en el momento óptimo.

Una vez determinado el momento óptimo de cosecha queda recordar algunas claves para mejorar el rendimiento de esta:

  • Cosechar lo más alto posible para minimizar las impurezas que llegan a nuestra cosecha
  • A ser posible, elegir una cosechadora que tenga los cortes laterales
  • Llevar el molinete lo más alto posible y regular la maquina con el aire al mínimo, cribas de limpieza a dos milímetros y velocidad de los cilindros entre 650 y 750rpm.
  • Evitar las horas centrales del día donde hace más calor

Además de todo esto, debemos tener en cuenta las normas de estandarización de la calidad en el cultivo de la colza: 42% de aceite; 2% de impurezas y 9% de humedad.

No dude en consultar a su asesor agronómico Pioneer que le ayudará a encontrar el momento óptimo de cosecha, y realizarle un estudio pormenorizado de sus parcelas, gracias a nuestra herramienta de imagen por satélite.